jueves, 16 de abril de 2009

, Mi Soledad


, Daba vueltas en una habitación vacía, sólo inundada por un chorro de luz blanquísimo que se colaba por dos inmensos ventanales. Me aferraba a cada paso con más fuerza a su jersey de lana; lo abrazaba como si ella estuviese todavía adentro. Debería haber llamado ya, pensaba, ahora dibujando círculos sobre el parqué, esperando alguna señal que explicase todo aquello. Me detuve, descolgué el teléfono y escuché su voz como si llevásemos toda la eternidad hablando.